Tepic, Nayarit (RRC): En un eco inquietante de los turbulentos años del «Mando Único» y las denuncias de abusos policiales entre 2014 y 2017, reportes recientes indican el regreso de patrullajes por parte de elementos de la Policía Estatal encapuchados en zonas conflictivas de Nayarit. Esta práctica, que generó controversia por presuntas extorsiones y violaciones a derechos humanos, resurge en el contexto de una intensificación de la disputa territorial entre grupos criminales en el norte del estado, particularmente en Huajicori, donde un policía municipal fue asesinado este viernes en lo que autoridades califican como represalia.

El incidente fatal ocurrió apenas horas después de un enfrentamiento entre fuerzas estatales y un grupo delictivo el jueves 4 de diciembre, en una región que lleva más de 18 meses bajo el fuego cruzado de organizaciones rivales. La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) de Nayarit confirmó que el oficial municipal, quien realizaba labores preventivas, fue acribillado en un ataque directo. «La Policía Municipal se limita a tareas de vigilancia básica en una zona de alto riesgo, donde operan la SEMAR, el Ejército y la Guardia Nacional», detalló un comunicado oficial de la dependencia, que condenó el acto y prometió una investigación exhaustiva.
Testigos y publicaciones en redes sociales describen a los elementos estatales –muchos de ellos con rostros cubiertos por pasamontañas– desplegados en operativos de contención, evocando memorias de épocas pasadas. Durante el gobierno de Roberto Sandoval Castañeda, la «policía encapuchada» fue justificada por el entonces secretario de Gobierno, José Trinidad Espinoza, como una medida de «seguridad» para proteger a los agentes tras «bajas y amenazas a sus familias». Sin embargo, alcaldes como Leopoldo Domínguez González, de Tepic, la acusaron de extorsiones, secuestros y hasta torturas, respaldado por recomendaciones de la Comisión Estatal de Derechos Humanos que documentaron al menos 16 casos entre 2013 y 2016, muchos vinculados a la Fiscalía bajo el exfiscal Edgar Veytia –hoy prófugo y extraditado a EE.UU. por nexos con el narcotráfico–.
«Esto no es nuevo, pero duele ver que regresa en un momento de tanta vulnerabilidad», comentó una fuente anónima de colectivos de víctimas en Tepic, recordando las desapariciones masivas de 2017, cuando más de 150 personas –muchas presuntamente por mano de policías o fiscales– desaparecieron en cuatro meses. Organizaciones como Idheas y la Federación Internacional de Derechos Humanos han advertido que algunos implicados en esos casos aún laboran en instituciones estatales.
El gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero, en turno desde 2021, ha impulsado reformas para profesionalizar las fuerzas policiales, incluyendo capacitaciones en derechos humanos y el uso de tecnología para rastreo. No obstante, la SSPC no ha emitido pronunciamientos específicos sobre el uso de encapuchados en los operativos recientes, limitándose a enfatizar la «coordinación interinstitucional» para restaurar la calma. Analistas locales atribuyen el resurgimiento a la presión del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que ha extendido su influencia desde colindancias con Sinaloa y Jalisco, donde reportes de junio de 2025 hablaban de «patrullas fantasma» con siglas del grupo en zonas rurales.
Ciudadanos de Huajicori y Tepic expresan temor en foros virtuales: «Encapuchados que no sabes si son aliados o enemigos. ¿Dónde está la confianza?», escribió un usuario en X (antes Twitter) este fin de semana. Mientras tanto, la Fiscalía General del Estado (FGE) reporta una baja incidencia de homicidios dolosos –solo dos víctimas en agosto de 2025–, pero advierte que la «noche de alertas» del 25 de agosto en Tepic evidenció la fragilidad de la seguridad pública.
La sociedad nayarita clama por transparencia: ¿Son estos encapuchados un mal necesario contra el crimen organizado o un retroceso a prácticas que erosionaron la fe en las instituciones? Las autoridades federales, a través de Omar García Harfuch, secretario de Seguridad, han incrementado presencia en la región con 1.600 elementos, pero la respuesta local será clave para disipar las sombras del pasado. Nayarit, tierra de contrastes entre playas y sierras, no puede permitirse otro capítulo de impunidad.
